Even if we do not approve of it, we all know what feminism is and what a great impact it has had on society and on everyday life in general. However, maybe you did not know that the feminist theory has also dramatically influenced translation.

It all started when feminist translators and linguists began to analyse the translations that male translators had done of works written by women. They realised how gender-biased they often were, especially if they had been designated feminist books or articles. A famous example is the English translation of Le Deuxième Sex (The Second Sex) by Simone de Beauvoir. Howard Parshley was said to have deleted and omitted several parts of the book. For instance, de Beauvoir tried to draw a genealogy of female writers, scholars, artists and so on. Parshley cut most of these names, without giving any justification for his choice.

What does this mean? That it is impossible to achieve a translation that can be considered objective, especially for literary and controversial texts such as Le Deuxième Sex. Donna Haraway (in the picture) embodies this concept in the expression ‘situated knowledges’. It means that we do not start from an objective point of view, but rather from a set of beliefs and clichés we should be well aware of when we translate. So, we will always be influenced by our experiences and so on. This in turn links to the reasons why some translators prefer to avoid certain topics. They feel that their opinions would prevent themselves from delivering a faithful translation.

Of course I don’t want to force you to agree with the feminist theory, but what I have always found so fascinating is the acknowledgement that translators make choices, even brave ones, but it is vital that they always have to inform the readership, for example through footnotes and prefaces. So, do you agree with Donna Haraway’s opinion? Please let us know!

CHIARA VECCHIAunque no lo aprobamos, todos conocemos lo que es el feminismo y el gran impacto que ha tenido en la sociedad y en la vida cotidiana en general. Lo que quizás no sabías es que la teoría feminista ha influido notablemente también en el campo de la traducción.

Todo comenzó cuando algunas traductoras y lingüistas feministas se dispusieron a analizar las traducciones de obras escritas por mujeres y traducidas por hombres. Entonces se dieron cuenta de que a menudo estas traducciones se realizaban de forma sexista, especialmente cuando el trabajo en cuestión había sido catalogado como libro o artículo feminista. Un famoso ejemplo lo tenemos en la traducción al inglés de Le Deuxième Sex (“El Segundo Sexo”) de Simone de Beauvoir. Se dijo que Howard Parshley eliminó y omitió varias partes del libro al realizar su traducción. Por ejemplo, de Beauvoir trató de establecer en su obra una genealogía de mujeres escritoras, académicas, artistas, etc. Parshley omitió en su traducción la mayoría de estos nombres, sin dar ninguna justificación al respecto.

¿Qué quiere esto decir? Que es imposible obtener una traducción considerada objetiva, sobre todo cuando se trata de textos literarios y polémicos, como es Le Deuxième Sex. Donna Haraway (ver fotografía) plasma esta idea a través de un concepto que denomina “conocimiento situado”. Según Donna, cuando traducimos, no partimos desde un punto de vista objetivo, sino más bien desde un conjunto de creencias y clichés, del que uno debe ser bien consciente a la hora de traducir, viéndonos siempre influenciados por nuestras propias experiencias. Este es precisamente el motivo por el que algunos traductores prefieren evitar ciertos temas, ya que piensan que su opinión le impedirá la reproducción de una traducción fiel.

Sobra decir que no es mi intención convencerte para que apoyes la teoría feminista. Ahora bien, lo que sí me parece fascinante es que se reconozcan las decisiones que los traductores han de tomar en su trabajo, algunas de ellas valientes, siempre y cuando el traductor informe a los lectores, por ejemplo, mediante la incorporación de notas al pie y prólogos.

¿Y tú?, ¿estás de acuerdo con Donna Haraway?

CHIARA VECCHI